viernes, 20 de diciembre de 2013

El tiempo.


Lo que me falta estos días.
Lo que me sobra muchas veces.
Lo que siempre se me queda corto.




El tiempo siempre ha sido así de caprichoso. Tan pronto está de nuestro lado como se convierte en nuestro enemigo más tenaz. Nunca nos deja tranquilos. Quizás es porque somos nosotros los que no sabemos entenderlo. Los que intentamos detenerlo sabiendo que es imposible. Acelerarlo cuando queremos correr. Moldearlo a nuestro gusto. Vivimos a contrarreloj y eso nos pasa factura. Medimos cada minuto planeando qué hacer con él y al final el que planea nuestras vidas es el tiempo. Esa aguja avanzando incesantemente ajena a nuestros horarios, frustraciones y necesidades.
Necesitamos tiempo. Mucho tiempo. Pero, ¿para qué?.
A veces nos ponemos tantas metas y queremos hacer tantas cosas que sentimos que estamos perdiendo el tiempo con cada respiro. Y nada en esta vida es tiempo perdido. Está muy bien exprimir cada segundo al máximo, pero vivir con prisa no es vivir. Esto no es una carrera. No se trata de tener 80 horas al día para no disfrutarlas pensando que necesitaríamos 90. Esto consiste en saborear lo que estás haciendo en cada momento. Tengas el tiempo que tengas. De respirar. De romper esa cadena que nos ata al reloj y darse cuenta de que si nos pasamos la vida corriendo, no vamos a sentir que sea nuestra.
Tenemos que tener muy claro lo que es importe. Y lo que es más. Vivir no es tener 10 años vacíos, sino un minuto pleno. Sentirnos a gusto con lo que estamos haciendo ahora, en este segundo, y tener la humildad de reconocer que el tiempo no nos pertenece, nuestra actitud ante él sí. No dejar que nos domine. Tomarnos un café de dos horas, un baño de una, pasarnos un día entero mirando la pared mientras escuchamos música. ¿Y qué?¿Quién dice qué eso sea perder el tiempo? Cada minuto que nos dedicamos merece la pena. Hacer muchas cosas no es síntoma de plenitud cuando las cosas que hacemos no son verdaderamente para nosotros. La clave no es el cuánto sino el para qué. Y muchos de nosotros no sabemos para qué necesitamos más. Para mí el simple hecho de estar aquí escribiendo esto ya me hace sentir libre. Podría estar construyendo una réplica del Taj Mahal o resolviendo la trama Gurtel, claro que hay cosas más "importantes"; pero esto es lo que quiero y esto es lo que me pertenece. Y por mucho que el tiempo me ponga barreras, siempre que le saque una sonrisa a un amigo, escuche una canción que me erice los pelos o aprenda algo nuevo, sentiré que hoy he hecho grandes cosas. El resto ya lo iré haciendo. No tengo prisa. 
¿Y vosotros?

La única forma de perder el tiempo, es pensar que estamos perdiendo el tiempo.






4 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo. Sin caer en un relativismo tramposo, pareciera que el tiempo hace de nosotros lo que quiere.
    Yo tampoco termino de entender porqué tanta gente tiene prisa, de todo.

    En fin, muchos besos desde mi Siberia.

    ResponderEliminar
  2. Tiempo al tiempo. ..me gustó tu reflexión.
    Y me recordó un libro:Lo que le falta al tiempo.
    Besitos y felices fiestas

    ResponderEliminar
  3. me ha gustado mucho yo que siempre digo no tengo tiempo de nada
    Vivir no es tener 10 años vacíos, sino un minuto pleno, ke cierto
    simplemente hay ke vivir y sentir
    un saludo ;)

    ResponderEliminar

Siempre con ganas de leeros.